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Cuestion de piel

Dossier
Cuestión de piel

   Como ya dijimos en el editorial, al elegir la consigna de este  dossier, hemos jugado con las palabras; para ser más ajustados en lo que quisimos proponer, deberíamos decir que nos hemos valido de una frase cargada de significados. Sabemos que la polisemia del lenguaje y, sobre todo, de aquellas locuciones que a diario usamos para transmitir nuestro pensamiento, hace que, en ocasiones, trastabillen las seguridades o la eficiencia de la comunicación, y enmendemos o agreguemos otras frases, a fin de que se entienda la primera, aquella que se perdió en la anfibología de la expresión. Así, es posible que usemos algunas proposiciones como señuelo para atrapar la idea del otro que la recibe, y que muchas veces, nos dispara a nosotros líneas de pensamiento que no hubieran surgido sino en ese intercambio de ideas, como dice Clarice Lispector, “la palabra pescando lo que no es palabra”. Y, siguiendo con la tónica del juego propuesto, comienzo a escribir este texto sin tener aún las fotos que cumplirán la consigna, cada una con la interpretación a la que le hizo lugar la fotografía. Entonces, debo remitirme al enunciado  “cuestión de piel”, tan solo pertrechada del maderamen que construye mi interior en torno a esa propuesta. Digo que me remite al mundo del erotismo, pero también, al de los colores de la piel, al de los sentimientos de empatía con otra persona o a la sensación de rechazo, al de la discriminación o al de la integración, y hasta me puede sugerir la lucha por los derechos de los animales y su consabida protección a fin de que no tengan una muerte de sufrimiento atroz al ser electrocutados para extraerles su piel. A todo esto me puede remitir la consigna. Y tal vez, a más ideas también. Sin embargo, huérfana todavía del argumento fotográfico, comienzo a escribir y me pierdo en el gusto del pensamiento sin atadura, quizá precisamente por lo anterior: estoy liberada del dominio de las tomas. Cuando sí las tenga ante mí, podré sentir la voluptuosidad de ir tejiendo impresiones, de ir hilvanando un texto en que les diga que el juego ahora sí es de todos, y entonces, ustedes me den la sorpresa de estar ya participando en él. Mientras tanto, la entrelínea será más gesto que voz. 

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