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Intermitencia

Fotografías: Matías Tossei
Texto: Rosa Teresita Dotta Ruiz

 

“El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras” (Fragmentos del discurso amoroso, Roland Barthes).

 

   La palabra se desplaza por múltiples laberintos de comparaciones, asociaciones o ideas, que quieren ajustarse a una definición, o siquiera, aproximarse a un bosquejo de lo erótico: ese mundo por todos señalados, nombrado, conocido y tan difícil de precisar.  Esa zona de la sensualidad que se salvaguarda en el misterio para no perder la esencia que aparentemente la caracteriza. Remitidos a este punto, frente a las fotografías de Matías Tossei, nos preguntamos cuáles son las notas visuales que hacen que llamemos erótica a una fotografía. Se nos ocurre que es posible acudir a una serie de oposiciones, de argumentaciones y hasta de formulaciones espontáneas, para distinguir una toma erótica de cualquier otra que —utilizando el cuerpo, el sexo y la sensualidad, como elementos—, no sea, necesariamente erótica. Por ejemplo, si nos aproximamos a la imagen sintiendo el refinamiento que de ella se desprende (diríamos que es una toma delicada, hasta podríamos referirnos a ella como poética; y así opondríamos sutileza a bastedad: erotismo a chabacanería, por ejemplo); si aludimos a la fotografía como una muestra elevada de la mirada artística (opondríamos los pensamientos que remiten al espíritu con aquellos que solo trasladan los sentidos a la materia: erotismo a exhibición grosera, por ejemplo), etc. Sin embargo, podríamos formular una larga enunciación de opuestos, sin llegar, siquiera, cerca de una definición que nos complaciera por su diafanidad. Tal vez, entonces, se nos ocurra otro atajo, acercarnos a la idea de que en el erotismo, y en lo que hace a la fotografía erótica, para ser precisos, existen algunos elementos necesarios o, si se quiere, constitutivos de ella: la tensión visual entre la ropa y la piel, el aire de seducción, el interés por contemplar y tras lo que se ve, imaginar. Entonces, llegados a este momento, podríamos decir que el erotismo impregna las tomas de Matías Tossei que, disparando la consigna de Clic, “Cuestión de piel", fija el punctum en la intermitencia, en esos espacios en que la piel no se resuelve a mostrarse, sino que se insinúa; en ese espacio del cuerpo femenino que se adivina apenas tras la fugacidad de lo que aparece de entre la tela. Hay un roce visual, un intento apenas de descubrimiento, un recorrido entre los bordes de lo real y lo imaginado. 

Matías Tossei nació en Córdoba y vive en Buenos Aires. De profesión médico, hizo de la fotografía una actividad paralela y apasionada. Viajero incansable, desde fines de los sesenta, atesora la belleza del mundo atrapada en las tomas de su cámara analógica. 

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