
Buenos Aires Musical
Dossier I
Como otras manifestaciones artísticas, la música ingresa en nuestras vidas sin que sepamos muy bien desde cuándo. Hay quienes sostienen que, alojado en el vientre materno, el individuo ya es capaz de sensibilizarse ante determinados compases. Más lejos de las teorías, podemos tener certeza de que la música nos acompaña siempre en nuestra condición de seres capaces de añorar, recordar, transitar y encarar nuestra vida de todos los días. Así, evocamos a través de unas notas —incluso, de mínimos fraseos— el día en que experimentamos aquella inmensa alegría, la tarde en que juntamos los retazos de nuestros sueños y juramos no volver a enamorarnos nunca más, el perfume de la infancia de nuestros hijos, el atardecer tormentoso frente al mar en un verano de hace veinte años, la vereda de una ciudad especial que visitamos hace poco, y tantísimas escenas familiares, íntimas, multitudinarias, etc., lejanas o próximas a nuestra cotidianeidad. Pero también, hemos escuchado a los que, nacidos y criados en pueblos, nos hablan de la música del viento entre las hojas de los álamos, del agua del arroyo rozando los guijarros, del rumor lejano del canto de un vendedor ambulante. A través de los distintos comentarios que suscita su sola mención, podríamos convenir en que la música se nos cuela por todos los rincones y transita, junto con nosotros, las encrucijadas cuerdas de nuestra existencia.
Entonces, nos dijimos que sería una buena idea salir al encuentro de aquellas notas fotográficas que pudieran definir una silueta porteña típica de esta ciudad, tan bella y maltratada como, también, nuestra. De manera que "Buenos Aires musical" nació bajo la luz de los pentagramas, y, claramente, como consigna de búsqueda de una sinestesia fotográfica, para que podamos escuchar todas las imágenes que dibujen los compases de las miradas de nuestros fotógrafos.


