
Altiplano
Fotografías: Javier Ruiz
Altiplano
Bolivia no existe para sus hijos, de Eduardo Galeano
Allá por 1870, un diplomático inglés sufrió en Bolivia un desagradable incidente. El dictador Mariano Melgarejo le ofreció un vaso de chicha, la bebida nacional hecha de maíz fermentado, y el diplomático agradeció pero dijo que prefería chocolate. Melgarejo, con su habitual delicadeza, lo obligó a beber una enorme tinaja llena de chocolate y después lo paseó en un burro, montado al revés, por las calles de la ciudad de La Paz. Cuando la reina Victoria, en Londres, se enteró del asunto, mandó traer un mapa, tachó el país con una cruz de tiza y sentenció: Bolivia no existe.Varias veces escuché esta historia. ¿Habrá ocurrido así? Puede que sí, puede que no. Pero la frase ésa, atribuida a la arrogancia imperial, se puede leer también como una involuntaria síntesis de la atormentada historia del pueblo boliviano. La tragedia se repite, girando como una calesita: desde hace cinco siglos, la fabulosa riqueza de Bolivia maldice a los bolivianos, que son los pobres más pobres de América del Sur. Bolivia no existe: no existe para sus hijos.

Copacabana. Señora enfrente de la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria

Copacabana. Mujeres bailarinas con vestidos típicos durante el festejo de la Virgen de la Candelaria

La Paz. Mineros en protesta frente al Ministerio de Minería y Metalúrgica.

Copacabana. Señora enfrente de la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria