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Persona y entorno

Fotografías: Daniel Roitenburd
Texto: Rosa Teresita Dotta Ruiz

Persona y entorno

   Cuando la persona está instalada en su puesto de trabajo hay algo que se pone en evidencia: la relación, absolutamente personal, con el rol que desempeña. Este puede estar impregnado de importancia social o completamente deslucido a ese respecto. No obstante, la función, el oficio, la tarea en cuestión, le otorga al individuo una serie de notas singulares que hacen que este no sea exactamente el mismo que el que momentos antes atravesaba el ingreso a la fábrica, el laboratorio, el escritorio, la biblioteca o el taller. Quizá por eso, no importa cuántas veces se haya observado, por ejemplo, a una costurera junto a su máquina de coser, sino cómo se ve aquella que se muestra ante una mirada en especial, en un momento cierto y dentro de las condiciones del contexto que habita. En este sentido, frente a las fotografías de Daniel Roitenburd, es posible constatar el vínculo del individuo y su entorno, y de qué manera este nexo guarda correspondencia con la inmanencia de la tarea desempeñada por la persona que es objeto de la fotografía. Así, sus tomas nos testimonian algo que puede ser (y de hecho lo es) corriente en la experiencia de nuestra vidas, como es la observación de diferentes personas detrás de un mostrador de farmacia, en un puesto de venta, en un taller de costura, etc. En mayor o en menor medida, todos hemos podido ser testigos presenciales de lugares de trabajo y de imágenes de las personas que en ellos se desempeñan. Sin embargo, las fotografías de esta serie nos cuentan algo hasta cotidiano de una manera absolutamente diferente. La cámara de Roitenburd transforma la habitualidad de la pintura humana en una muestra de la autenticidad personal. Llega al centro mismo de la cuestión entre el individuo y su entorno, a ese lugar en que cada ser es diferente y eso se sella en la expresión que asume de sí mismo. Es posible leer en algunos textos dedicados a la fotografía que, para que esta sea considerada buena, entre otras condiciones, tiene que ser una expresión acabada de lo que se siente, lo que se experimenta profundamente en el momento en que se está fotografiando. Y al momento en que somos espectadores de las tomas de la serie de Daniel Roitenburd, estas nos relatan, sin ambages ni confusiones, historias personales, que surgen de entre los frascos farmacéuticos, de entre los hilos y la costura; historias ricas y expresivas, y sobre todo, auténticas. Un relato fotográfico que se entrecruza con la intimidad sentimental del artista y su empatía con lo retratado. En ese sentido, estas tomas ponen de manifiesto que hay historias pequeñas de una inmensa autenticidad y belleza, pero para que puedan llegar a ser exhibidas, es necesario un “cazador” que nos las traiga como muestra de lo que él aprecia de la vida en su universalidad.

Daniel Roitenburd. Nació en Buenos Aires, en 1957. Se inició en la fotografía en 2002, en el Centro Cultural Lola Mora con el Prof. Gustavo Grandinetti.

En 2004, se incorpora al Grupo Fotográfico Parque, con el maestro Norberto Gulliari. Desde allí, presentó sus obras en distintos Salones Nacionales e Internacionales de Fotografía y obtuvo numerosos premios.

En 2008, comienza sus estudios de laboratorio digital con su actual maestro el Prof. Alberto Rodríguez. Participó en varias exposiciones colectivas en el país y en el exterior, en la 9º, 10º y 11º “Muestra de Documentales y Fotografía de América Latina” en 2009, 2010 y 2011, respectivamente, con exposiciones en España y en Ecuador.

En 2007 y 2009 fueron aceptadas sus imágenes en el 97º y 99º Salón de Artes Visuales, y exhibidas en el Palais de Glace (Buenos Aires).Realizó muestras individuales en la Casa de la Cultura de Buenos Aires (2009); en el Museo Terry de Tilcara (2010); en el Centro Cultural Borges (2011); en el Centro Cultural Recoleta (2012) y en el Museo Sivori (2013). Del 3 al 30 de abril de 2014, expone sus fotografías en la Alianza Francesa de Belgrano.

 

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