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Lorena Faccio

Texto: Rosa Teresita
Dotta Ruiz 
Fotografías: Héctor Mario Sabarrós Souto

Retrato, taller y obra de Lorena Faccio

 

 

En 1946, el arte madí funda sus principios en un manifiesto en el que confirma el deseo fijo, absorbente, del hombre de inventar y construir objetos dentro de los valores absolutos de lo eterno, junto a la humanidad en su lucha por la construcción de una nueva sociedad sin clases, que libere la energía y domine el espacio y el tiempo en todos sus sentidos y la materia hasta sus últimas consecuencias (…). Para el madismo, la invención es un método interno, superable, y la creación una totalidad incambiable. Madí, por lo tanto, inventa y crea.

 

Originaria del Río de la Plata, esta corriente artística se abre a la totalidad de las ramas de la disciplina creadora y procura liberar el acto creativo de todo aquello que ejerza sujeción sobre la obra en sí, al tiempo que aspira a expandir, difundir y extender las contingencias y los caminos dimanados de la obra de arte.

 

Lorena Faccio, artista madí, a quien Clic ya tuvo el gusto de contarla entre sus colaboradores (edición número tres, “Cuestión de piel”), nos recibe en su taller para mostrarnos parte de la obra en la que trabaja actualmente y conversar sobre aquellos temas en los que, por supuesto, también está dedicada con intensidad. Tal vez sea esta última una buena palabra para poner algún marco a este encuentro: nada de lo que haga, diga, mire, subraye, señale Lorena deja de ser intenso. Y a la vez, cuando deja de hablar, dirigir, apuntar o sugerir, también está la marca de la intensidad. Se nos ocurre apreciar en Lorena una muy buena lectora-investigadora, ya que tras el análisis y el desglose de algún texto que comenta, se vuelve transmisora de las líneas esenciales de aquel y entrega en ese comentario la llave de la idea. Trasunta a la vez la fuerte presencia de una formación teórica. Se crea y se recrea; crea y recrea, a su vez, el pensamiento: el suyo y el ajeno. Sin embargo, la potencia no quita la suavidad de su conversación, sino que suma un cuidado especial, un tanteo temático, cierto coqueteo incluso con las palabras: las busca, las selecciona, las arma en el discurso y las entrega en un diálogo fluido, interesante, pleno de hallazgos y a la vez, sutilmente moderado.

 

Ante la cámara, se mueve con la plasticidad de quien trabaja desde siempre con su cuerpo y ha hecho de él un instrumento para transferir ideas, sentimientos, posiciones ante la vida y cuestionar lo sobreentendido y normativizado. Abre sus brazos, y la posición de las manos sigue el ejercicio de la danza y lo instaura en el desplazamiento hasta que lo vuelve figura: descubrimos la bailarina que también es Lorena.

 

Mientras, el fotógrafo busca afanosamente el gesto, el mínimo visaje que determina que ese rostro mude o transite de la femineidad hacia la masculinidad, y vuelva a recrearse. Se sienta, se reclina, abre las piernas con esa libertad aparentemente solo permitida a los varones; se recoge el pelo, pero también se lo acomoda sobre los hombros, sugestiva y seductoramente, mujer. Lorena se constituye así en su propia obra. No obstante, desarma nuevamente la forma, la idea, la creación instantánea, y anima otra, firmemente convencida de que el mundo es plausible también de cambios continuos. Para el artista madí, recordamos, la invención es un método interno. Siguiendo ese pensamiento, podríamos decir que Lorena Faccio inscribe el manifiesto en sí misma.

 

 

El madismo, desde su origen, ha procurado acercar una idea de igualdad, de justicia en el sentido más teórico (o puro) del término. Algo de ese espíritu sobrevuela el espacio en el que se sitúa el taller de nuestra artista invitada: una puerta portón, con aire de garaje amplio, es el ingreso que conduce a diferentes pasillos. Las puertas abiertas de unas cuantas salas nos permiten curiosear gente trabajando (pintura, escultura, etc.); un piano; un inquietante cochecito de bebé de principios del siglo veinte; fotos, y un sinnúmero de objetos nos hacen pensar que hay que volver a hacer una visita a esa construcción porteña que acoge la diversidad artística y hace las veces de guarda de lo poéticamente real.

 

En estos días de abril aún se puede visitar en el Centro Cultural Borges la exposición Efemérides, curada por Pelusa Borthwich (área de Género del C.C.B.), en la que Lorena es una de las artistas invitadas.

 

 

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