

Pérdida y permanencia
Solo tengo de vos una fotografía (…) y tu extraña
manera de acompañarme a solas de este lado del mar.
(Ana Emilia Lahitte)
No tengo de vos más que estas fotos en las que te vas por esa callejuela estrecha, abovedada de musgo y piedra. Solamente me queda tu espalda cansada, tu paso vacilante y el bastón que fortalece tu tristeza. No puedo nombrarte ni nombrar el alba de tus rosarios, tus ruegos piadosos, tus plegarias. Sin embargo, un tejido invisible de voces nos ha unido, nos atrapó en dos tiempos desiguales. Y allí me pierdo entre las piedras que ciñen las ideas y las ansias. Acompaso el corazón y te sigo lentamente. Un extraño sentimiento de estar atravesando alguna puerta invisible me atenaza piernas y garganta. Olvido las palabras, las otras palabras, aquellas que podrían acercarme a tus nombres. Pierdo las palabras, tus palabras, las que fueron de tus padres, tus abuelos. Enmudezco. ¿Habré pasado ya el portal? Camino y los ojos se me vuelven húmedas laderas toscanas. No tengo de vos más que estas fotos en las que te vas inevitablemente para siempre de mi vida. Me quedaré en este lado de los sueños para que estallen en algún momento las palabras que no dije, que no supe, que no recordé. Te irás sin volverme tus ojos, para que sola tenga que rehacer el jardín. Permaneceré vigilante, detrás de los intersticios abiertos de los centenarios bloques pétreos, entre las plantas, para atrapar las semejanzas de nuestras vidas. Te pediría ayuda si pudiera articular ahora la palabra, la olvidada, la que fue de los antiguos dominios de mi sangre. Auxilio para no perderme entre los yerros de una caminata entre dos tiempos. Pero será sola que halle la puerta, el sendero, la salida. Oigo mis pasos mientras se me pierden ya los tuyos, y aprendo a descifrar símbolos que pesan como el hierro forjado de tus puertas medievales. Y aquel mínimo espacio luminoso hacia el final me recuerda un escenario eterno, y me cuenta la historia de una existencia minuciosamente articulada. Entonces, desando con paciencia los pulsos de mi vida, y con una maraña de palabras comienzo a escribir una transfigurada realidad sin vos.

Texto: Rosa Teresita Dotta Ruiz
Fotografía: Héctor Sabarrós