Ese objeto

Texto: Laura Zavoyovski
Fotografía: Rosa Teresita Dotta Ruiz
Aunque muda, la fotografía hace “ruido”. La acabo de recibir y no puedo dejar de pensarla. Se burla de mí. Atrevida, me muestra la lengua, me interpela y me saca a escobazos de mi zona de confort. Esconde segundas intenciones (terceras, y más) y me desafía a interpretar hasta el hastío a sabiendas de que no podré alcanzar, siquiera, un atisbo de certeza.
Está claro que no tuve oportunidad de preguntarle a quien tomó la foto qué quiso expresar al mundo con esta imagen registrada en el jardín romano de Villa Borghese. Pero eso, verdaderamente, ya no importa. A esta altura los efectos se han emancipado de su causa.
Lo que sigue no es más que una delirante hipótesis sobre aquello que creo “ver” y “leer” en este archivo digital que esconde más de lo que muestra. Una conjetura que, con viento a favor y la mejor de las suertes, no hará otra cosa que apenas bordear una posible verdad que ni siquiera la fotógrafa hacedora de este encuadre conoce cabalmente sobre aquello que surgió tras su clic provocador.
De algo no quiero dejar lugar a dudas: en esta mítica producción de moda, la modelo se mandó a mudar (ojalá se haya ido a comer algo antes de continuar. ¿Un tostado y un exprimido de naranja? ¡Sí! Un clásico). En representación de su cuerpo dejó una fina y sexy pierna de maniquí que, desenfadada, sobre una reposera y en obligada pose, se solea y brilla por su presencia. El todo por una de las partes. Otro clásico que invita a adivinar el resto de un cuerpo a través de una pierna artificial.
Pero ¿qué expresa esa anatomía incompleta y plástica? Tiene cientos de significados posibles, pero a mí, casi a medianoche frente a mi laptop, me dice algo al oído: la mujer quiere dejar la comodidad de la reposera al sol. Quiere cambiar de posición. Lo intenta, minuto a minuto, en cada rincón del planeta. Y detrás de esta fotografía bravucona, miles de millones de féminas, aunque más no sea por un segundo, imaginariamente gritan o al menos fantasean con exclamar “¡basta!”.
Basta de asociarnos únicamente a un cuerpo ideal y de tapa de revista, o a una muñeca, un disfraz, un taco aguja o una máscara de pestañas. Eso está bien para el maniquí, pero somos mujeres.
Aún en pleno siglo XXI, nos esforzamos diariamente, enfrentándonos a los propios prejuicios y mandatos sociales y familiares, en dejar el lugar de quietud retratada para salir a conquistar nuevos espacios. Cada día nos proponemos participar de la vida pública y de los debates que atañen a todos, en un mundo monitoreado por varones.
Quizá, el miembro mutilado que se recuesta sobre la silla playera represente el cliché del que aún somos presa fácil; ese vinculado a un ideal de belleza y a un modo impuesto e instituido de ser mujer hoy. Quizá, esa pierna de mentira nos recuerde lo que todavía resta recorrer en este largo camino que ya han andado otras tantas que nos precedieron, en pos de independizarnos, eterna y definitivamente, de los estereotipos.
Por último, mis disculpas a Rosi (Dotta Ruiz) por malinterpretar (en cuestiones del lenguaje —en este caso, visual—, todo intento de interpretar es un malentendido seguro) su clic y posterior resultado; por aprovecharme de su foto para manifestar mi incomodidad al ser tratada (y al comportarme, a veces) como un maniquí.
Laura Zavoyovski (Periodista, Lic. en Psicología y librepensadora, como ella se define. Desarrolla tareas editoriales y periodísticas. Investigadora en temas de salud, ha recibido varios premios por su labor; entre los últimos, Premio Gota en el Mar al Periodismo Solidario, 2012)