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Proyecto Esculturas de Buenos Aires

Fotografías: Christophe Apatie

Texto: Rosa Teresita Dotta Ruiz

Ensayo fotográfico

Situados frente a una escultura, en una plaza o en un parque, podríamos pensar que quienes hayan tenido la facultad de decidir allí su instalación imaginaron una suerte de escenario. Hay, por cierto, una puesta en escena de la obra del artista y, también, una escritura acerca de los motivos que determinaron su emplazamiento en ese lugar preciso y no, en otro. Motivo y letra que conforman una obra para ser representada en el sitio que hace las veces de teatro. La escultura nos habla así de hechos de diferente naturaleza (creación y motivo de emplazamiento; arte y poder; acto y decisión), pero también, de un vínculo de significación entre el material utilizado en la obra, la intención del artista y aquello (figura) representado. Todo ello podría delinear una escritura de complejas categorías simbólicas, si la pluma fuera la herramienta. Ahora bien, en ese espacio y ante esa manifestación artística, ¿cómo se sitúa el fotógrafo que decide hacer de ella su objeto de interés? ¿Existirá en el acto de fotografiar esculturas un exhorto a la audacia de registrar aquello que el artista que trabajó la materia se postuló plasmar? Me refiero al gesto, al cuerpo, a una parte de este, a la estructura vital puesta en movimiento. Digo bien, “en movimiento”, porque pensemos en el busto o en el cuerpo escultórico de un personaje, de un prócer, de un héroe, un ser histórico, al fin. El escultor no vio una cara o un cuerpo estático, sin vida, un rostro o un físico en quietud, vio, por el contrario, la acción, el impulso, e imaginó un mensaje que sí tuvo voluntad de eternidad. Entonces, ¿qué vio el fotógrafo? Christophe, quizá, haya visto arquetipos de sentimientos alojados en la historia. Toda suerte de pasiones que pueden bordear los motivos heroicos y los más cercanos al devenir de aquello que, hecho para demostrar la perpetuidad, paradójicamente, exhibe la precariedad de la existencia. Manos y brazos que claman hacia la eternidad, que elevan consignas o manifiestan en ampuloso gesto verdades absolutas, pero también, una trabajosa telaraña que, cual fino trabajo de filigrana, envuelve la severidad y el mandato que parecen quedar atrapados para siempre en la fijeza de un busto de algún personaje egregio. Un juego de contrastes fuertes, en el que las  fotos en blanco y negro enmarcan figuras, escenas concretas y situaciones definidas, tomadas de asalto por una mirada dramática y, quizá, irónica. Christophe ha dicho que “las paredes de una casa son como el rostro de una persona: muestran los claroscuros de la existencia”. Nosotros agregamos que las fotos de sus esculturas de Buenos Aires, también los exhiben.

Christophe Apatie nació en Francia y vive en Buenos Aires desde 2010. Luego de trabajar por algún tiempo en la industria discográfica de París, se dedicó plenamente a la fotografía, carrera que había elegido ya en su adolescencia. Es colaborador de varios medios gráficos, entre ellos, Le francais dans le monde, Cuisines et vins, Perspectives, Catalogue “Maison des Amériques”, Rendez-vous Hotel, de París (Francia), etc. Colaboró en el libro Buenos Aires, la efervescencia, edición Autrement (Francia), 2013. De las exposiciones realizadas en los dos países, en que mayoritariamente desarrolla su profesión (Francia y Argentina), citamos: “Fotos de Argentina”, París 6 éme, Boutique Sol y Flor ( París); “Festival des Nuits d’été argentines (París); “Casas de Argentina”, Bobo Hotel (Buenos Aires); “Vi otro mundo”, Sofitel Arroyo (Buenos Aires); “Los artistas de El plato del día”, Galería de Arte Barrister (Buenos Aires); “Retratos porteños”, Sociedad Central de Arquitectos (Buenos Aires); “FOTO-GRAFÍA X 6”, Galería Art Hotel (Buenos Aires); “Dos o tres cosas que sé de ella” (Buenos Aires), etc.

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