top of page

Reportaje

Cuando cantan los hombres
 

                                                                                                                           

Sophie Forkel forma parte de un grupo de profesores que imparte clases de idioma alemán a un contingente de refugiados acogidos por Alemania. Desarrolló esta actividad en Potsdam y en Brandemburgo a través de organizaciones que reciben, para tal fin, subsidios del Ministerio de Migraciones de ese país. En Berlín, las da en la Volkshochschule, una escuela en la que se ofrece la enseñanza de distintas manifestaciones artísticas (baile, pintura, etc.). Sophie es graduada universitaria en Literatura y Lengua (alemana y francesa) y posee una certificación para la enseñanza del alemán para extranjeros. Para su labor se vale de recursos que tienen íntima vinculación con lo artístico: interpreta situaciones, crea espacios, recrea historias, las restaura y las vuelve a pincelar en otra lengua. Y todo, con la cabeza y el corazón en un compás que no presenta quiebres. Entrevistada por Clic, nos decía:

 

Mi primer día de clase con un grupo de refugiados fue en febrero 2015. Si bien yo ya tenía experiencia docente dando clases de alemán, nunca lo había hecho delante de un grupo de veinticinco hombres africanos, con las peculiaridades que eso significa. Mi temor radicaba especialmente en la diferencia valorativa de la cultura y en el hecho de que ser mujer significara para ellos una resistencia insalvable. No obstante, ese miedo se diluyó muy rápido. Y la experiencia dio paso a muchos y diferentes  momentos lindos, en donde ellos han podido expresar su atención y amabilidad para conmigo.Desde entonces, he trabajado con diferentes grupos de nacionalidades: personas de Siria, Afganistán, Irán e Irak, entre otros pueblos.  Quiero rescatar algunos de los momentos que me han sorprendido por el buen ambiente que se ha creado en el grupo; son aquellos en que la risa y la alegría le han ganado al cansancio de los rostros y al dolor del alma. Me cuentan historias; me muestran las fotos, las pocas que les han quedado, de su familia. Algunos pudieron venir con su pareja y sus niños. Otros, los añoran. Hay matrimonios que lograron venir juntos; otras personas extrañan al ser querido que quedó lejos. Llegar a Alemania les ha llevado, en algunos casos, meses y meses de travesía, difícil, ardua, complicada. Algunos refugiados han padecido miedo en el aeropuesto o al bajar del barco; otros, tampoco han podido valerse de pasaportes válidos. Recuerdo especialmente el caso conmovedor de una chica afgana que logró vencer el miedo a un viaje tan inseguro al confrontarlo con otro terror aún peor: verse casada con un hombre al que seguro no podría conocer antes de la boda y el que muy proboblemente la maltrataría.Un hombre palestino, por su parte, me pide disculpas luego de la clase porque, a pesar de ser muy inteligente y de su voluntad de querer aprender la lengua alemana, su cabeza no deja de revivir, una y otra vez, la escena de la muerte de su mujer y sus hijos, víctimas de un bombardeo: las imágenes se atraviesan todo el tiempo en el transcurso de la clase.Sobrellevar el espanto; sobrevivir a la tragedia; compartir estas horas y estas clases de intercambio de conocimientos, con gente de distintas nacionalidades, muchos de ellos profesionales especializados; otros, con pocos estudios..., todo eso es el desafío: de ellos y el mío, también. Todos esperamos y trabajamos por un un mundo mejor.Y a pesar del dolor y del agotamiento, destaco que hubo tiempo para celebrar pequeñas fiestas de verano y de Navidades, en las que se preparó comidas típicas de todos los países. Compartimos música y bailes de Siria.  Trato de recordar siempre que cuando los hombres cantan, el universo se vuelve más bueno.

 

 

                                                                                                                             Fotos y testimonio: Sophie Forkel

Sophie, en el taller con sus alumnos
Sophie, en Francia
                                                   
                                                    Fotos de Héctor Sabarros

© Copyright 2013   ClicRevista

bottom of page