
Sus ojos
Fotografías: Nacho Cirio
Texto: Silvina Sosa
Sus ojos
Por mucho que ladren los perros, la caravana seguirá su camino.
Naguib Mahfuz
Nacho viajó hacia Oriente para conocerlo y, por supuesto, para fotografiarlo. Llegó a Estambul. El primer impacto fue el previsible, el del choque con una cultura diferente y difícil de asimilar. A pesar de que sabía que iba a ver mujeres con la cabeza cubierta, que algunas solo dejarían ver sus ojos, que iba a una ciudad en la que la religión se respiraba, y que la imponencia de las ciudades conocidas se opacaría frente a la de sus mezquitas, se sorprendió.
Los altoparlantes que transmiten las oraciones por toda la ciudad le sirvieron de despertador para salir a retratar la arquitectura de la ciudad con un poquito menos de turistas de los que la caminaban al sol. Entró a las mezquitas menos visitadas para encontrar los detalles. Recorrió más de una vez el mercado de especias, atraído por sus olores y por los colores que poblarían sus fotos.
Una semana después, ya en El Cairo, se enteró de que no podría sacar fotos en la ciudad. ¿Cómo haría luego para describir el desorden de una ciudad inmensa que casi no tiene semáforos? ¿Dónde podría ver nuevamente al chico que, en bicicleta, transportaba panes en una tabla de más de dos metros apoyada sobre su cabeza? ¿Quién creería que en el barrio de las embajadas eran más importantes los gatos, animales sagrados, que los turistas?
Recorriendo la orilla del Nilo, hacia el sur, sí pudo sacar fotos. Las que componen esta selección son, en su mayoría, de Luxor y de Aswan, aunque también hay algunas de Turquía.
Fue pensando en fotografiar el origen de una de sus pasiones, la arquitectura. Volvió con esas fotos, sí, pero también, por primera vez en sus excursiones de descubrimiento, retrató muchas personas. No sabe por qué, pero en este viaje sus ojos buscaron otra cosa, los ojos de ellos. Los de quienes oran; esperan una venta; se distraen de sus tribulaciones con un cigarrillo, un té o el narguile; los que quieren conocerlo, pero temen; o los que le sonríen a la cámara saboreando el chocolate regalado.













