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POLIGRAFÍA



​Poesía: ese lujo del lenguaje

Por Rosa Teresita Dotta Ruiz​



El 21 de marzo se celebró el Día Internacional de la Poesía. La fecha, propuesta por la Unesco, coincide con el equinoccio de primavera en el hemisferio norte. La directora general de la institución, Irina Bokova, ha dicho que “la poesía es un viaje”. Por cierto, lo es. Sin embargo, no está refiriéndose al viaje que se dirige hacia el exterior. Tampoco alude al que persigue  solamente la fantasía. Por el contrario, la poesía es un viaje a lo más íntimo de la fibra humana. Una travesía, no sin riesgos, hacia lo más profundo del ser y del pensamiento. Es en ese fuero interno, en donde nacen las esperanzas y las ilusiones, y se forjan las ideas que luego son transportadas, hechas palabras u obras, al mundo. Algunas de esas reflexiones encuentran refugio en la letra poética. En ciertas ocasiones, un texto de relatos, acompañados de dibujos, puede nacer al amparo de la poesía. Es el caso de El cuaderno de Bento, de John Berger (Alfaguara, 2012). Este libro —cuyo motivo central es la libreta de apuntes que llevaba el filósofo Baruch Spinoza,  extraviada luego de la muerte de este— se constituye en una serie de historias que tematizan diferentes hechos y aconteceres de la cotidianidad. Así, el dibujo de unos lirios cercanos a la casa del escritor, la exposición de pintura en una histórica construcción francesa, la búsqueda de un clásico ruso perdido en los anaqueles de la biblioteca, la crueldad de la que es capaz el ser humano o la calidez que supone el tejido que se realiza para abrigar a un recién nacido son algunos de los motivos de reflexión que se presentan en esta obra que, hablando de la vida, trasunta poesía. “Quienes dibujamos no solo dibujamos a fin de hacer algo visible para los demás, sino también para acompañar a algo invisible hacia su destino insondable”, dice Berger, y nos revela uno de los senderos del arte: el que se abre ante la mirada poética.

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