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Poligrafía

Un recuerdo azulado
Por Rosa Teresita Dotta Ruiz
 

Anna se inclinó suavemente sobre el follaje de aquella planta que había concitado desde hacía un tiempo sus desvelos y con los dedos afilados de su mano blanquísima acarició el envés de una de las hojas como queriendo quitarle una minúscula mancha amarillenta. Entonces pensó que, tal vez, esa idea de aplicar el método recién descubierto por Herschel al trabajo que daba vuelta por su cabeza no sería tan descabellada ni mucho menos demencial, sino solo una de las tantas empresas que aparentaban desenfreno intelectual, únicamente, si quien quería experimentarla había nacido mujer. Eso era algo que había aprendido desde tan pequeña que ya lo tenía abrochado al alma tanto como el camafeo al costado de su pecho izquierdo. Por suerte, había aprendido, además, a disimular muy bien sus aptitudes y destrezas a fin de poder seguir con los estudios por los senderos ocultos de la vida social inglesa y así salvarlos de la condena. Que una mujer no es inteligente y no tiene capacidad de discernimiento y acción ya se lo habían dicho antes, hacía cientos de años, a otra mujer, Teresa, en tierras de España. Y ambas, sin posibilidad histórica de conocerse, advirtieron que nada valía enfrentarse abiertamente a los prejuicios: sus obras, la de Teresa y la de Anna, importaban muchísimo más que la propia vida y el renombre y, por suerte, trascenderían, a pesar de los esfuerzos que harían en su contra los depositarios históricos del saber.

 

Cianotipia se llamó el procedimiento al que Anna echó mano para eternizar las gráciles ramas de los helechos que eran nada más ni nada menos que su objeto científico de estudio de la botánica. El resultado fue la imagen de finísimas tramas sobre un fondo azulado que bien simulaban ser espíritus danzantes del océano, pensamientos atravesados por las angustias o enigmas literarios encriptados en líneas ondulantes. No sabemos qué pensó Anna cuando la experiencia que llevó a cabo como botánica le devolvió esa sutil y profunda poesía. Pero sí sabemos que su British Algae: Cyanotipe Impressions se convirtió en la primera tentativa de valerse de la fotografía con el propósito de reflejar la realidad: en ese caso, de los estudios de las plantas. Con ese libro, Anna se convirtió en la primera mujer fotógrafa de la historia, y la primera en aplicar la técnica fotográfica con un objetivo científico.

 

Ya anciana, cuando Anna caminaba a través de la exuberancia de sus plantas, abriéndose paso entre el follaje, hallaba muy seguido menudas manchas amarillas en el envés de algunas hojas. Entonces, se detenía y con su blanquísima mano de dedos afilados las palpaba, las acariciaba y pensaba en las máculas de la vida.

 

 

N.de R.:

Anna Atkins (botánica inglesa, 1799-1881)

Teresa (santa Teresa de Ávila, escritora española, 1515-1582)

 

Crepuscular
Por Cacho Sosa
 

Moneda de oro del sol

poniéndose al horizonte;

fin de la jornada donde

se ha labrado la grandeza

que el labriego, en su pobreza

jalona para al patrón,

rompiendo el duro terrón

de la entraña de la tierra,

mientras en su alma encierra

los restos de una ilusión...

 

Pues un crepúsculo más

sus cansados ojos vieron...

un crepúsculo campero

que muchas nostalgias trae;

él sabe que, como cae

la tarde sobre la espiga,

en su espalda dolorida

muchos soles han pasado,

compartiendo con su arado

la injusticia de la vida...

 

Más todo es cavilación

de su cansada cabeza...

apartando su tristeza

va rumbeando “pal” galpón ...

la noche pone un crespón

en la silueta del monte,

y en sus espaldas de hombre

un saco aventa el sereno,

soñando un mañana bueno

“pa” los que llevan su nombre...

 

 

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