Editorial
Casi todos recordamos, con mayor o menor exactitud, qué hacíamos hacia finales de 1999. Y hasta los desmemoriados coincidirán en que está aún presente la emoción que sentimos al ser protagonistas del pasaje al nuevo milenio. Esa etapa, que se inició cuando escribimos el primer dos de la cifra de cuatro dígitos que nombraba nuestra historia, se revistió, de antemano, de todo tipo de prevenciones. Según decían (especialistas y afines), el pasaje entre los siglos, y coincidentemente los milenios, podía desencadenar catástrofes comunicacionales, pérdidas de equipos informáticos y una serie de dificultades a las que ni siquiera podíamos imaginar y de las que nos informábamos leyendo y escuchando cuánto detalle se emitía sobre ellas por entonces. ¡Y nos preparábamos casi con vehemencia! No obstante, dieron las doce y tras saludarnos comprobamos que nada de lo que habíamos previsto o imaginado se había cumplido. El 2000 comenzó y no tuvo, por así decirlo, un afán diferente del que habían tenido los años precedentes. Por eso, tal vez, fue decididamente importante que lo hubiésemos cubierto de enorme entusiasmo y de tales preparativos. ¿Cómo íbamos a ser indiferentes ante ese nacimiento? ¡No era un año más! Así, la mezcla de escozor y de ansiedad con que aguardamos ese histórico fin de milenio solo hizo reconfirmar que siempre estamos esperando algo nuevo, y si se anuncia con dificultades, redoblamos las expectativas por vencerlas y vivir de la mejor manera posible. ¿Y por qué recuerdo el nacimiento del 2000? Porque no puedo creer que de eso ya haya pasado tanto tiempo que en la vida de una niña, valga el ejemplo, signifique estar preparándose para cumplir los quince.
Por eso y porque cuando esta carta llegue a ustedes, estaremos haciendo nuestros balances anuales, es que comencé a pensar en la cifra 2015. ¿Vieron que esa manía del cómputo es inevitable? Y cuanto más nos proponemos no realizarlos ni llevarles el apunte, ellos se presentan como las tareas escolares que angustian las últimas horas del domingo, de por sí, acongojante. Pues bien, aquí soplamos al aire una propuesta: solo por este diciembre, dejemos el arqueo para cuando volvamos de las vacaciones de verano. Después de todo, ¿cambiará mucho nuestro destino si lo postergamos un tiempito? ¿Y si en vez de ir corriendo tras los números del almanaque, nos propusiéramos plazos solamente nuestros, personales? Finalmente, si el cambio de milenio fue atravesado por todos sin mayores complicaciones inherentes a él, cósmicamente hablando, ¿para qué angustiarnos por un año más?
¡Dejemos que lleguen las Fiestas con felicidad! Abracemos a nuestros amores y no nos olvidemos de abrazarnos a nosotros mismos con todo tipo de perdones y delicadezas. ¡Y hagámonos muchísimas y luminosas promesas para la nueva etapa!
Recuerden que la próxima cita de ustedes con nosotros será en el dorado abril de 2015. Y los estaremos esperando.
El equipo de Clic