Editorial
Decía Mario Benedetti que Montevideo exhibía ciertas famas bien fundadas (el fútbol, la parrillada y las llamadas de carnaval) y algunas discutibles, pero poseía otra aureola, y esa sí, incuestionable: el récord latinoamericano de asmáticos. Lejos de discutir tal aseveración, pero con ánimo de continuar la lista de temas controversiales entre orientales y argentinos, o para ser más precisos, entre montevideanos y porteños, debemos replicar que Buenos Aires, principalmente cuando septiembre comienza a colorear los jardines y a verdear los árboles, debería tener (si no lo tiene) el récord de alérgicos. Entre ellos se incluyen los integrantes de Clic. De manera tal que, a pesar de preparar y discutir los temas que integrarán el tercer número de nuestra revista con alguna manifestación molesta del tipo de síntoma antes enunciado, nos declaramos satisfechos de este momento del trabajo previo al cierre de la edición. Ya nos hemos puesto de acuerdo con la consigna del dossier. Las invitaciones fueron cursadas y solo falta que comiencen a llegar las respuestas fotográficas. Un poco ansiosos, nos preguntamos acerca de los distintos significados que pueden ocurrírseles a quienes, máquina en mano, registrarán la idea que Clic susurró apenas en los correos enviados. Así, “Cuestión de piel” (nuestra tercera consigna de dossier) irá tomando forma a través de las lentes, pero sobre todo, a partir del pensamiento de cada uno de los fotógrafos que recibió el recado. Y en ese proceso de fijar aspecto y figura, la idea se amplificará, se desdoblará, más de una vez. Quizá, al servirnos para nuestro motivo fotográfico de una frase que remite a variados temas o asuntos, se entable una relación también polisémica entre fotografía y palabra. Será eso también un desafío: ¿hablarán las fotografías por sí mismas o será cierto aquello que son físicamente mudas y hablan solo por boca del texto? Realmente, en este juego editorial que entablamos con los fotógrafos, pero también y fundamentalmente, con ustedes, participamos activamente de la búsqueda de esta y otras tantas respuestas. Tal vez, sea esta necesidad de interrogarnos la que nos lleve a convocar a esta comunidad de artistas, como adelantábamos en nuestro primer número: el hacernos cada vez más conscientes del mundo de dudas por el que transitamos.
Pascal Quignard nos dice que “ante la Esfinge hay que saber responder o morir”. Nos habla de un alegato y una réplica. Y de cómo responder al enigma: “Poseyendo el tiempo de regreso para cada palabra que está en la punta de la lengua convertida en la punta del papel (…). Escribir es escuchar la voz perdida. Es tener tiempo para encontrar la palabra del enigma, para preparar la respuesta”.
En esa búsqueda del lenguaje perdido (el escrito, el fotográfico, el del arte en general), es posible que encontremos alguna respuesta.