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Editorial

Clic. ¿Cuál es la razón de que una onomatopeya nombre una revista? Esa fue solamente una de las preguntas que nos formulamos en cuanto surgió la idea de crearla. Sabido es que el proceso de nominación está poblado de dudas y cavilaciones. Y el acto de nombrar es, por excelencia, una señal de principio vital y un deseo de permanencia de aquello que nace; hay, en el procedimiento, una invocación de futuro. De manera que, cuando se elige el nombre para alguien o para algo —una revista en este caso—, la palabra en la que recae la preferencia envuelve múltiples sentimientos y proyecciones. No obstante, nos pareció bastante sencillo convenir en que el vocablo, pequeño y sonoro (clic), era el justo al tratarse de una publicación que aborda temas de fotografía.
Entonces, ¿queremos realizar, con el tipo de sonido consonántico emanado de esa palabra, un guiño al lector? ¿Es posible encontrar en la reunión de esas cuatro letras un mensaje cifrado? ¿Pretendemos, en realidad, eso? Es  verdad que podríamos plantearnos en torno al nombre un sinfín de preguntas y ensayar múltiples respuestas. Pero no menos cierto es que una vez que la elección recae en la palabra que consideramos justa, el nombre se revela insustituible: es ese y no otro, como si siempre hubiese existido.
Por tanto, solo nos gustaría agregar a modo de presentación que Clic aparece en la despedida de un ardiente verano porteño, y lo hace con el vigor de las flores de los jacarandás y los palos borrachos, que pintan, en esta época, los parques y las avenidas de Buenos Aires. Como ariana que es, no le pediremos a Clic que respete siempre los límites de la cordura y la previsión, sino solo que nos otorgue un poco de paciencia para acompañarla en su crecimiento, con el cuidado que se merece.
 

Reza un proverbio alemán que si uno se pone a tejer, Dios provee del hilo. Comenzamos en este momento la trama...

Sección de Arte

Por Julia Petersen  (Lic. en Historia del Arte, Sorbona, París)

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Nació Clic, un desafío y una ilusión. Concretamos hoy un proyecto que surgió durante varios e intensos intercambios de opiniones, encuentros prolongados y charlas de arte. El patchwork en el que se mezclaban ideas y conversaciones utópicas tuvo, finalmente, un formato preciso en el que podemos ofrecer imágenes elegidas y letras necesarias. En este primer número, presentamos, tal como nos habíamos propuesto, muestras de fotógrafos profesionales y otros que, incursionando en la disciplina sin dejar aún su carácter amateur, proponen búsquedas y miradas originales. Cuando esta edición llegue a ustedes, estaremos ya preparando la próxima presentación. Deseamos que nos acompañen y compartan con nosotros el camino.
¡Longue vie à Clic!

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