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Arte en el Edificio del Plata
Texto: Rosa Teresita Dotta Ruiz
 
Fotografías: Hector Mario Sabarrós Souto

 

                        La fotografía no es solo un registro del pasado, sino una nueva manera de tratar con el presente.

                                                                                                                 (Susan Sontag)

 

Todos los habitantes de Buenos Aires o, por lo menos, quienes se sienten definidos en ese sentimiento que da la porteñidad (valga el neologismo), saben dónde queda el Edificio del Plata. Ubicado en el centro más centro de Buenos Aires, sobre la 9 de Julio y hermanado con el Obelisco, marca una referencia clara y emblemática, incluso, para los encuentros pactado entre amigos, parejas u ocasionales turistas. Pero pocos saben que antes de haberse instalado el antiguo Mercado del Plata (antecesor del actual edificio), el sitio se llamaba Plaza de las Artes y fue, además, el primer mercado cubierto de la Ciudad de Buenos Aires.

 

A  comienzos de 2016, nos enteramos de que el Banco Hipotecario adquirió el tradicional edificio. Y lo hizo, según se comentó periodísticamente desde el empresariado que manejó la compra, porque “por ahí va a pasar la mayoría de la gente a la que le tenemos que ofrecer los créditos para la nueva a vivienda”.

 

Pero lo que nos ocupa ahora es hablar sobre la fachada principal de este edificio y de las instalaciones que desde 2008 se llevan a cabo allí. Si pensáramos a nuestra ciudad como una gran casa que nos cobija a todos quienes vivimos en ella, podríamos hablar de esta inmensa pantalla en donde se exhiben fotografías magnificadas (gigantografías) como si fuera la pared principal del living de todos nosotros. Es allí (en el living)  en donde lucimos aquello que más nos conmueve, lo que queremos tener como referencia afectiva, lo que no queremos olvidar, etc. Y ese fue uno de los motivos por el que Héctor Mario Sabarrós Souto decidió efectuar el seguimiento fotográfico de las muestras exhibidas en tal espacio a través de un tiempo extendido de años: de 2008 a la fecha. Una de las preguntas que nos surge en la primera aproximación al tema es cuál habrá sido el criterio asumido para la elección de las imágenes por quienes tuvieron la responsabilidad de decidirlo. El eclecticismo manifestado a través de las distintas instalaciones nos han mostrado desde obras de arte como Los mitos de mi infancia, de Seguí, hasta imágenes del papa Francisco o de Messi.

 

Ya sea porque las imágenes nos invocan presencias o ausencias, triunfos o derrotas, están allí, como si también nosotros las hubiéramos elegido para nuestro living colectivo; entonces, no podemos ignorarlas. El seguimiento fotográfico en este caso participa de una tradicional inclinación de la actividad de la lente: el propósito de plasmar la historia de una ciudad. También, dejar registro de los gustos y la necesidad de exhibición por las cuales, pensamos, han sido elegidas tales imágenes. Y si nos interpelan tales cuestiones es porque pensamos que, así como fotografiar es otorgar importancia al objeto mismo de la fotografía, elegir qué deben mirar en el living de la gran casa porteña los miles y miles de transeúntes de esta ciudad, también es conceder un relieve mayúsculo al objeto de tal exhibición.

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