
Arte contemporáneo
Fotografías: Hector Mario Sabarrós Souto
Texto: Rosa Teresita Dotta Ruiz
Retrospectiva de Dominique Gonzalez-Foerster en el Pompidou
La exposición “Dominique Gonzalez-Foerster, 1887-2058”, exhibida el pasado invierno europeo en el Centro Pompidou de Paris, propone una recorrida por múltiples instalaciones a través de diversos espacios (pasillos, salas). Todas ellas remiten a la literatura, al cine, a la música, al teatro, a la moda, entre otras expresiones artísticas, y hacen intervenir al espectador en escenarios tan disímiles como desconcertante: amplísimas dimensiones se alternan con interiores cotidianos (mecedoras, libros, lámparas); la fuerza de la inmensidad cósmica y sus laberintos geográficos se conectan con la pequeñez del detalle; la palabra se extiende cual enredadera sobre la pared de una sala o pasillo, y la avidez del lector recorre pasajes en los que descubre, entre otras, letras de Bioy Casares.
Tiempos superpuestos, interiores y exteriores, inmensidad y pequeñez, lejanía y distancia (temporal y espacial), desierto asfixiante y trópico rumoroso de lluvia interpelan la atención del visitante, y hacen que la muestra de esta consagrada artista plástica francesa (1965) plantee, como si fuera a través de un caleidoscopio, algunas de las premisas del arte contemporáneo: el concepto que se desprende de sí mismo y se desenvuelve a través de las realidades cotidianas para integrar las diversas manifestaciones humanas y por sobre todo, conformar un tejido abigarrado de expresiones del ser.
Esta muestra (o parte de ella) ya había sido exhibida en el Palacio de Cristal de Madrid y motivó la escritura de Enrique Vila-Matas: Marienbad eléctrico. El libro, una suerte de diario de la reciprocidad intelectual y afectiva entre el escritor y la artista, propone otra de las cuestiones del arte contemporáneo: la alteración de los campos tradicionales en los que se venían manifestando las expresiones del espíritu y el intelecto a través de los tiempos. Ejemplo de esas transposiciones es el pasaje que no reconoce fronteras entre las letras y las artes plásticas. Si las instalaciones de Gonzalez-Foerster facultan formas nuevas de escritura, el libro de Vila-Mata expande el verbo más allá de la literatura y pinta cuadros que hablan de la fuerza de los actos cotidianos y del olvidado arte de la conversación.
Entre las instalaciones, hallamos una habitación de la que se rumorea que solamente Vila-Matas tiene la llave. Quizá porque como el mismo autor dice en su libro, una habitación es el espacio central de toda tragedia (…) donde Juan Carlos Onetti meditó sobre el mundo y decidió no salir más de la cama (…) pero a la vez es el sitio donde Vermeer conoció “la experiencia de la plenitud y de la independencia del momento presente*”.
Una muestra que vistió la inmensidad del Pompidou para que se resignifiquen las artes.
* Enrique Vila-Matas, Marienbad eléctrico, Caja Negra, 2015.













