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Mural

Fotografías y texto :
Héctor Sabarrós
 
 

   

Sorpresivamente, una tarde de febrero de 2011, en nuestra hermosa Buenos Aires, me encontré ante el comienzo de creación de un mural callejero.  Ese mismo día marcó el principio de este ensayo fotográfico, que guarda también condición de documento urbano si se enfatiza en la estética de las tomas.

 

Habiendo coincidido, entonces, el inicio del mural con el del proceso fotográfico que lo tuvo como objeto, la tarea de seguimiento que llevé a cabo se transformó en una práctica enmarcada en los límites de la cotidianidad, pero igualmente, en la trenza de una historia que se alimentaba, a la vez, del avance de las dos obras: del mural y de la observación de su hechura a través de mis tomas.

 

Así, cualquiera fuera la condición climática de la jornada que signaba el encuentro entre la obra y mi cámara, se llevaba a cabo el registro de la imagen. El frío, el calor, la lluvia, el viento y el sol fueron compañeros del devenir fotográfico, como lo fue la gente que pasaba por la vereda o la ausencia de ella durante algunos días o momentos. Por no nombrar lo que como fotógrafo es el numen: la luz. Con ella, generosa y buena, o extrañándola hasta la lamentación, se dieron las tomas, indefectiblemente.

 

Mientras tanto, transitaba, personal e interiormente, otro proceso, el cuestionamiento en torno al arte callejero y a su efímera condición. La marcha de mis pensamientos no guardaba (a diferencia de la evolución del mural y de mis tomas) método ni rigurosidad. Iban y venían las preguntas interiores y cambiaban también las respuestas a medida que la experiencia de lo observado se modificaba. No obstante, mis ideas se acercaban a cuestionar el porqué no es tenido en cuenta el esfuerzo que realiza quien se aboca a una creación de estas características (al artista que crea un mural, para ser más claro), quien, en la mayoría de los casos, queda a las sombras de un anonimato (o su correlato: ausencia total de reconocimiento). ¿Por qué, quien ofrece su tiempo y su talento no es mínimamente respetado a través de la salvaguarda de su obra? ¿Por qué el destino de tales manifestaciones artísticas es sufrir, inexorablemente, la lumpen acción vandálica? Pero pude ir más allá aún en mis interrogantes al constatar que, con el correr del tiempo, tampoco quienes trabajaban para empresas que realizan obras públicas tenían el menor cuidado ante la expresión muralística: solo para ejemplificar cito la aglomeración de materiales de construcción que formaban diariamente una fisonomía diferente del mural, depositados allí, por los responsables de una construcción cercana, sin el mínimo cuidado de la obra artística.

 

 La historia del mural, por lo menos la que fui transitando con mis tomas, se acrecentó un día cuando, ante mi cámara y sobre el mural-homenaje a Sandro y Los de Fuego, se plasmó otro rostro fotografiado, completamente diferente al entorno del rock nacional o sus derivas. Adhirieron la imagen de Susana Trimarco —madre de Marita Verón—. La foto de una mujer que ya es emblema de la lucha sin claudicaciones contra la trata de personas fue colocada allí, carente incluso de una leyenda que la acompañara. Tal vez, porque su sola mirada es suficiente manifiesto contra el atropello.  A partir del momento de la inclusión de la foto, se produce otro hecho estético, esta vez señalado por el contraste entre la expresión de Sandro —sentimental y festivo a pesar de su seriedad—y el dramatismo emanado de la imagen de Susana Trimarco.

 

Desde entonces, en un muro porteño, convive el recuerdo y quizá también el homenaje a dos personas. Ambas, plausibles de reconocimiento, aun sin ninguna leyenda explicativa. Las dos, públicas, en cuanto a su quehacer. Diferentes en tanto trayectorias y múltiples aspectos. Las dos, dignas de respeto y admiración. Allí, en el muro (o aquí, en mis fotos), juntas, sin saber cuál es la razón de tal alianza o solidaridad. Pero ambas, sobre esa pared que quiso ser lienzo o muro artístico, sobrevivientes audaces del ataque y el desamparo. Quizá solo un símbolo del desamor.

A pesar de que mi tarea puede ser considerada, aún,  en  working process, he decidido darla a conocer para desearle desde aquí larga vida a este mural de arte callejero, noble testigo de la ciudad de la furia. 

 

Breve historial de un mural

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