
Los balcones, esa invitación a la curiosidad, ese lugar desde el cual no es posible evitar ser mirado y mirar, son también el pasaje entre dos universos (interior y exterior) que no se resuelve sino en un estar ahí, como a la espera de algo que seguramente nunca sucederá. Entre los dos espacios transcurre el día o, posiblemente, se acompañe la noche, y por si acaso, la vida. Son casi un intersticio en el que la imaginación encuentra un bosque pleno, el desahogo, la mínima brisa que anuncia el alivio, hasta quizá la lluvia. ¿No son, acaso, los intersticios estímulos de lo sensorial? Allí, en ellos, una anciana, una pareja y una figura son los otros que observan a quien quiere “cazarlos”. El calor es nada más que la excusa para que se produzca el encuentro entre el cuadro y el fotógrafo. Propuesta ecléctica la de Pablo Díaz, ofrece sí un hilo timonel: el agobio. Este puede expresarse a través de las escenas que se escapan del balcón en una jornada bochornosa del sur italiano, a partir de la mujer que ansiosamente se acerca al helado como a una salvación, o el sofoco visual que se experimenta en torno a un abigarrado grupo de turistas en búsqueda de novedad. Teniendo como eje la idea de conquistar la imagen a partir de la narración de un estado de ánimo, las fotos de Díaz nos reclaman un momento necesario de subjetividad.




Pablo Díaz participó como director de fotografía en diversos trabajos del grupo cinematográfico Humus; incluido, el largometraje Básicamente un pozo. Entre las múltiples distinciones profesionales que obtuvo, cuenta el Primer Premio en el Concurso de Fotografía “A la manera de Cartier-Bresson”, otorgado en 2012 por la Alianza Francesa de Santa Fe (Argentina); por la animación Copia “A”, varios reconocimientos nacionales e internacionales: el tercer premio en el concurso “Caloi en su tinta”, 2010, Annancy (Francia); competencia oficial, Barranquilla (Colombia); competencia oficial, Manlleu (España), etc.
Para ver sus fotos:
http://www.flickr.com/photos/pbldz