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Niñas y fugacidad

Fotografías de Federico Pineda

Texto de Rosa Teresita Dotta Ruiz

El acto de fotografiar tiene en sí mismo la intención de asignar relieve y significación al instante en que se registra la imagen. En el ojo detrás de la cámara puede habitar el deseo de perpetuar aquello que, bien lo saben los fotógrafos, en tanto que padres, tiene una duración limitadísima: la infancia de los hijos, por ejemplo. Entonces, pasar de la idea del registro netamente familiar a la de la búsqueda de una toma que cobre singularidad, dentro del espacio de la fotografía, pudo haber sido el propósito de Federico Pineda, a través de la serie que nos presenta. Una niña que, sentada sobre la arena, observa el mar, luego se levanta, se aproxima cada vez más al agua, toma impulso y salta: esa fracción de segundo en que la criatura abre sus brazos y levanta ambas piernas, logrando una posición que asemeja un vuelo, es justo la necesaria para que el fotógrafo logre no solo integrar en la historia visual de la familia la toma de la nena en una de sus primeras incursiones en el agua, sino también liberar de un carácter común la toma y asignarle un relato. Hay en esa serie una historia, que podría ser contada desde el fotógrafo (padre), pero también desde quien, sin conocer el vínculo entre modelo y autor, puede vislumbrar sentimientos y recrear metáforas. Una niña, la vastedad del mar, un desafío, una meta, un paso, un salto: el crecimiento. Finalmente, el retrato de una nena angelical le plantea a Federico un nuevo reto, ¿cómo transitar por el borde de tanta belleza visual y detenerse en aquel detalle que transmita a la foto su calidad de obra, más allá de la preciosidad de la niña? Hay un elemento que logra la inquietud del que se sitúa frente a la foto y logra así, nuevamente, la idea que modifica la  toma meramente familiar: una cámara de fotos, entre las manos regordetas de la princesa. Ese dispositivo, tan grato como peligroso, aparece entre la ingenuidad y la candidez, ampliando su poder de eternidad; su capacidad de perpetuar no solo la imagen de la niña-hija, sino también, la de Federico-padre.

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