top of page

Multitud

Fotografías de Léa Hamoignon

Texto de Rosa Teresita Dotta Ruiz

Se ha dicho que a nadie se le revela la fealdad por medio de la imagen fotográfica; todo lo contrario, parecería bastante frecuente que la fotografía le descubra a la gente lo bello, lo estético y deseable, las formas armónicas o lo visualmente hermoso. Salvo, claro está, que la misión del testimonio gráfico sea, precisamente, registrar determinado acto o suceso (tragedias, miserias, etc.) que no guarde parentesco con lo universalmente aceptado por agradable. Es común, entonces, que quienes fotografíen espacios públicos, una playa en el caso que nos ocupa, lo hagan tratando de reflejar aquello que les atrae por alguna razón. Y más frecuente ha sido a lo largo de la historia de la fotografía que los motivos que convocan la toma en ese tipo de espacios sean las manifestaciones de la naturaleza que por lo general nos conmueven. De esa manera, amaneceres, atardeceres, las olas que rompen contra las rocas en una nube de espuma, una bahía solitaria, el velero silente, etc., se resolvieron en miles de tomas. Hasta el punto de que, según nos dice Susan Sontag: “A los saciados de imágenes es probable que las puestas de sol les parezcan sensibleras; se parecen ya demasiado, ay, a fotografías”. 


Lejos de esas imágenes soñadas, Léa nos descubre otra playa, una mucho más cercana a la humanidad que encontramos diariamente en otros lugares, las ferias o los mercados, por ejemplo. Fotografía cuerpos en los que los años han dejado rastros, huellas, cansancios; tal vez, figuras que denotan la consecuencia de malos hábitos o no, simplemente, transcurso de vida y trabajo: mujeres y hombres comunes, con cuerpos comunes. Los fotografía en ese sitio del que hablábamos antes, el verano, la playa, las vacaciones. Registra con su ojo y su cámara gente que no sería elegida por su condición estética de belleza; no obstante, Léa tiene que haber advertido la hermosura escondida en esas tomas. No sabemos si la fotógrafa tenía como propósito batallar contra la falsedad de algunas imágenes en entornos paradisíacos, pero seguramente sus fotos no solo serán elogiadas por la veracidad que encierran, sino también por todo lo que en ellas hay de hermoso. Se hace presente aquello de que la fotografía no solo registra lo que está y es, sino además, lo que ve el fotógrafo. Hay una valoración de esas figuras y esos rostros. Se estimó el contexto, los bordes de la individualidad que se siente invitada a la charla amena en un encuentro playero, sin horarios ni ansiedades. La cámara vio más allá de los cuerpos y leyó rutas de vidas, trayectorias, sueños y afanes.  Manifestación también de ternura y de comprensión, los registros de Léa muestran eslabones de vida.

 

​

• Lèa​ Hamoignon es egresada de la Ècole de Métiers de l’ Information, de París (Francia). Como fotoperiodista, trabajó para Le Monde, Liberation, Journal de France, etc.​

© Copyright 2013   ClicRevista

bottom of page